Lettre à D. (Histoire d'un amour)
Carta a D. (Historia de un amor), de André Gorz (Viena, 1923 - Vosnon, cerca de Troyes, Francia, 2007)
[Mi traducción]
CUATROCIENTOS MARES
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High Windows (1967)
When I see a couple of kids
And guess he's fucking her and she's
Taking pills or wearing a diaphragm,
I know this is paradise
Everyone old has dreamed of all their lives--
Bonds and gestures pushed to one side
Like an outdated combine harvester,
And everyone young going down the long slide
To happiness, endlessly. I wonder if
Anyone looked at me, forty years back,
And thought, That'll be the life;
No God any more, or sweating in the dark
About hell and that, or having to hide
What you think of the priest. He
And his lot will all go down the long slide
Like free bloody birds. And immediately
Rather than words comes the thought of high windows:
The sun-comprehending glass,
And beyond it, the deep blue air, that shows
Nothing, and is nowhere, and is endless.
Ventanas altas (1967)
Cuando veo a un chico y una chica
y sé que él se la folla y que ella
toma la píldora o usa diafragma,
sé que esto es el Paraíso
que todos los viejos soñaron vivir.
Responsabilidad y gesto dejados de lado
como una máquina de labranza vieja,
y todos, jóvenes, resbalando por el largo tobogán
a la felicidad, sin fin; me pregunto si
alguien me miraría hace cuarenta años
pensando: "Eso será la vida;
no más Dios ni sudar en la oscuridad
temiendo el infierno y así, o tener
que callar lo que piensas del cura. Él, y con él
su gente, bajarán por el largo tobogán
como putos pájaros en libertad". E inmediatamente,
más que palabras, nace la idea de unas ventanas altas:
el vidrio capaz de contener todo el sol,
y más allá, el aire azul profundo,
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1. Porque me apetecía hacer un examen de acceso después de Selectividad y me sentí estratosférico cuando lo aprobé.
16. Porque me ahorraba una pastora gansa en tabaco, cubatas o jachís: bastaba para cubrir la jornada el colocón con el que salías de la cabina tras 25 minutos de simultánea sobre reglamentos comunitarios para buques de doble casco.
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El cabezazo de Zidane tuvo la inmediatez y la sutilidad de un ejercicio caligráfico. Si bien sólo fueron necesarios unos segundos para consumarlo, no pudo sobrevenir más que como término de un lento proceso de maduración, de una larga génesis invisible y secreta. El gesto de Zidane ignora las categorías estéticas de lo hermoso o lo sublime, se sitúa más allá de las categorías morales del bien y del mal, su fuerza y su sustancia no dan cuenta más que a una irreductible adecuación al instante preciso del tiempo en que ocurre. Seguramente, el acto llegó desde lejos, arrastrado por dos vastas corrientes subterráneas: la primera, de fondo, amplia, silenciosa, poderosa, inexorable, que nace tanto de la melancolía pura como de la percepción dolorosa del paso del tiempo, está relacionada con la tristeza del final anunciado, con la amargura del jugador que disputa el último partido de su carrera y no se decide a poner punto y final. Zidane nunca pudo decidirse a poner punto y final: nos tiene habituados a las retiradas en falso (como contra Grecia), o a las retiradas que no se consuman (contra Corea del Sur). Siempre le ha sido imposible poner fin a su carrera; mucho menos con elegancia, porque terminar con elegancia no es terminar: es clausurar una leyenda. Enarbolar la copa del mundo es aceptar la muerte, mientras que no retirarse dejaría perspectivas abiertas, desconocidas y vivas. La otra corriente que impulsó su gesto, corriente paralela y contradictoria, alimentada de un exceso de atrabilis y de influjos saturnianos, fue el deseo de terminar lo antes posible con todo, el deseo irrefrenable de abandonar bruscamente el terreno de juego y volver a los vestuarios (partí de repente sin avisar a nadie [i]), porque ahí está el hastío, súbitamente, inconmensurable; la fatiga, el agotamiento, el hombro que duele; Zidane no llega a marcar, no aguanta más a sus compañeros, a sus rivales, no aguanta más al mundo, no se aguanta a sí mismo. La melancolía de Zidane es mi melancolía, la conozco, la alimento y la sufro. El mundo se vuelve opaco, los hombros pesan, las horas parecen apesadumbradas, más largas, más lentas, interminables [ii]. Se siente rendido y, de repente, es vulnerable. Algo en nosotros se vuelve contra nosotros [iii] y en una borrachera de cansancio y tensión, Zidane no puede por más que acometer el acto de violencia que libera, o el de huida que alivia, incapaz de deshacerse de otro modo de la tensión que lo oprime (y es la huida final ante la consumación de la obra [iv]). Desde el comienzo de la prórroga, Zidane no dejó de expresar su cansancio de manera inconsciente, con el brazalete de capitán cayéndosele todo el tiempo, el brazalete que se afloja y que Zidane nunca termina de ajustarse torpemente sobre el brazo. Zidane significa así, a pesar suyo, que quiere abandonar el campo y volver a los vestuarios. No tiene ya los medios, ni la fuerza, la energía o la voluntad de sacar adelante un último jalón, un último gesto de pura forma: la cabeza, tan hermosa, acariciada por Buffon instantes antes, le abrirá definitivamente los ojos sobre su irremediable impotencia. La forma, en ese momento, se le resiste y esto es inaceptable para un artista, son conocidos los lazos íntimos que unen arte y melancolía. Incapaz de marcar un gol, Zidane marcará los espíritus.
[...]
[iv] Freud, Un recuerdo de infancia de Leonardo da Vinci
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22:21
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El proyecto: Llegar al 80% de participación en las elecciones generales del 9 de marzo.
La motivación: Movilizar a todos los votantes de centro, izquierda y centro-izquierda que, endémicamente, se quedan en su casa el día de las elecciones, por apatía, derrotismo, irresponsabilidad o mala hostia.
El objetivo: Evitar mano política de los obispos, el ranciopatriotismo y la intolerancia (sí, ese concepto manido). Cada uno que añada lo que quiera a la lista.
Votando tanta gente, estamos convencidos de que no ganará la derecha.
La manifestación más numerosa de los últimos tiempos: nos gustaría verla el día 9 de marzo, en las urnas.
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09:02
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21:50
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Los que somos perniciosos
brindamos sin que nos borren la tacha:
si acaso alguno se enmacha
cuando lo llaman vicioso.
Somos malditos, piratas
del cáncer, el cinismo o el sexo;
mentimos, jugamos a trata
de blancas y negras,
luces y excesos.
Tirados, mequetrefes, artistas,
solistas, incultos, tiranos,
cachondos, guapos, metemanos,
serios, graves o marxistas.
Somos los que no se mojan
bajo la lluvia,
que se desatan si lo logran
mientras caen del cielo
sonriendo borrachos
bien antes de lamer el suelo.
Somos lo que quizá tú no seas,
vemos lo que jamas tú veas,
escupimos sangre o licores
de amor y volcanes,
y vicios y panes,
segundos, insultos con flores.
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15:43
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Fue una mujer que traía algo de almendra y novedades.
No era mi madre, mi amante
ni mi hija.
Me pegó un balazo en la espalda de los ojos,
en la parte alta del puente,
donde se unen la nariz y los recuerdos.
Fue una aparición mariana que levantaba olores
bajo la hojarasca y tras las alfombras.
Sus ojos caídos, su foulard verde y enorme,
unos pantalones atigrados.
Corriendo calle arriba (yo tarde al trabajo),
durante media mitad de un segundo.
Como si hubiera sido la dueña de una casa húmeda,
camino de un bosque, donde dormí durante unas
vacaciones, cuando todavía era pequeño.
(Ella era más divertida entonces).
La reconocí, no cabía duda.
Y me quedo con su rostro en la memoria, y mientras
calculo la hora de salida de los trenes,
y el ángulo de abertura de los elásticos,
le cuento a alguien que, por fin, la vi.
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10:45
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