martes, 8 de mayo de 2007

Quien amó a Porphyria

Comenzó a llover pronto esta noche

El huraño viento pronto despertó

Desgarró la copa de los olmos sin piedad

Y dio lo peor de sí por perturbar al lago:

Yo escuchaba, el corazón a punto de romperse,

Cuando Porphyria entró suavemente; de una vez

Cerró las puertas a frío y tormenta,

Y se arrodilló y reavivó las tristes ascuas

Y la casa se entibió;

Después, se irguió y retiró de su cuerpo

La empapada blusa y el empapado chal,

Y dejó a un lado los guantes embarrados,

Desató su sombrero y dejó caer

Una cabellera húmeda

Y, por fin, se sentó junto a mí

Y me llamó. Al no oír voz ni respuesta,

Tomó mi brazo y con él rodeó su cintura

Y desvistió su suave hombro blanquecino

Y apartó sus cabellos dorados,

Inclinándose, puso mi mejilla en él,

Y prodigó por doquier el pelo miel,

Susurrando cuánto me amaba.

Ella, a pesar de todos los esfuerzos de su alma,

Era débil para dejar su pasión (que forcejeaba)

Libre de orgullo, o para cortar lazos aún más vanos,

Y entregarse a mí por siempre.

Pero a veces la pasión se impone,

Y no podría la alegre fiesta de esta noche reprimir

El recuerdo repentino de alguien, pálido

De amor por ella, y todo en vano:

Así pues ella había llegado a través del viento y la lluvia;

Tengan seguro que la miré a los ojos

Feliz y orgulloso; al fin sabía

Que Porphyria me adoraba: la sorpresa

Me hinchó el corazón, que siguió creciendo

Mientras yo dudaba qué hacer.

En ese momento fue mía, mía, hermosa,

Perfectamente pura y buena: supe entonces

Qué hacer, y todo su cabello

Tejí en una larga trenza dorada

Tres veces alrededor de su fina garganta

Y la estrangulé. No sintió dolor alguno;

Estoy seguro de que no sintió dolor.

Como quien abre un capullo que encierra una abeja,

Abrí sus párpados con cuidado: de nuevo

Reían sus ojos azules sin mácula,

Aflojé el pelo atado

Alrededor de su cuello; su mejilla de nuevo

Se coloreó bajo mi ardiente beso.

Alcé su cabeza como antes,

Sólo que ahora era mi hombro su sostén,

Y ella caía lánguida e inmóvil sobre mí:

Su cabecita sonriente y lozana,

Feliz de haber satisfecho su voluntad extrema,

Escapar en un segundo de todo lo que despreciaba

Para encontrarme a mí, ¡su amor!

El amor de Porphyria: no podía suponer

Cuán su más íntimo deseo sería escuchado

Y así juntos estamos sentados

Sin movernos en toda la noche

Y Dios aún no ha dicho una palabra.


Porphyria's Lover, de Robert Browning (Camberwell, Londres 1812- Venecia 1889), de su libro Bells and Pomegranates No. III: Dramatic Lyrics (1842).
[Mi traducción]

(c) de la foto, de L.A. Ives.

5 comentarios:

Manuel dijo...

Hay amores que matan... Gracias por tu comentario... Un abrazo bizarro.

Lara dijo...

Joder, me ha encantado. Todavía sin tiempo de observarlo detenidamente en cuestiones estilísticas y en detenimientos de cuidadoso orden (del orden cuidadoso de tus palabras sobre sus palabras), pero la parte narrativa me ha sorprendido mucho. Todavía dios no ha dicho una palabra. Sí señor.

Miguel Marqués dijo...

¡Qué bien! Me alegro, ya sabes (y luego te lo explico).

Pongo aquí además, el texto en inglés (en la entrada iba a quedar demasiado largo)(y ya pasaré alguna página en la que se discute sobre su intepretación):

The rain set early in tonight,
The sullen wind was soon awake,
It tore the elm-tops down for spite,
And did its worst to vex the lake:
I listened with heart fit to break.
When glided in Porphyria; straight
She shut the cold out and the storm,
And kneeled and made the cheerless grate
Blaze up, and all the cottage warm;
Which done, she rose, and from her form
Withdrew the dripping cloak and shawl,
And laid her soiled gloves by, untied
Her hat and let the damp hair fall,
And, last, she sat down by my side
And called me. When no voice replied,
She put my arm about her waist,
And made her smooth white shoulder bare,
And all her yellow hair displaced,
And, stooping, made my cheek lie there,
And spread, o'er all, her yellow hair,
Murmuring how she loved me — she
Too weak, for all her heart's endeavor,
To set its struggling passion free
From pride, and vainer ties dissever,
And give herself to me forever.
But passion sometimes would prevail,
Nor could tonight's gay feast restrain
A sudden thought of one so pale
For love of her, and all in vain:
So, she was come through wind and rain.
Be sure I looked up at her eyes
Happy and proud; at last l knew
Porphyria worshiped me: surprise
Made my heart swell, and still it grew
While I debated what to do.
That moment she was mine, mine, fair,
Perfectly pure and good: I found
A thing to do, and all her hair
In one long yellow string l wound
Three times her little throat around,
And strangled her. No pain felt she;
I am quite sure she felt no pain.
As a shut bud that holds a bee,
I warily oped her lids: again
Laughed the blue eyes without a stain.
And l untightened next the tress
About her neck; her cheek once more
Blushed bright beneath my burning kiss:
I propped her head up as before,
Only, this time my shoulder bore
Her head, which droops upon it still:
The smiling rosy little head,
So glad it has its utmost will,
That all it scorned at once is fled,
And I, its love, am gained instead!
Porphyria's love: she guessed not how
Her darling one wish would be heard.
And thus we sit together now,
And all night long we have not stirred,
And yet God has not said aword!

NáN dijo...

no creas que no voy a entrar al trapo. Pero lo haré con la piel bronceada, para que esa porfírica del poema no se lance sobre mi piel blanquecina, que enseña detrás las venas, y me la desgarre para calmar su sed.

(y desde luego, ese peasico caaane del escenario la veo yo poco aporfiriada).

little bro. dijo...

...She shut the cold out and the storm...

me encanta la palabra "storm"

tio! en verdad no es que me guste más o menos... me gusta de forma diferente, pero me gusta, eh? de verdad ;)

abrazo y hasta mañana!