miércoles, 27 de diciembre de 2006


Cinco versos

Yo escribí cinco versos.
Uno era un perro dormido, carne de su carne caliente.

El otro era la piel contra la cal
ardiente del muro.

El tercero, el sabor maduro
de los higos y el césped.

El cuarto fue un impulso de doblar esquinas
y correr gritando al aire
tras verdades o mentiras que fueran nada
que supiera nadie.

El quinto lo escribo ahora, grabando en él qué futuro;
sin saber qué llevará por dentro
ni si sangrará feroz
con voz, verde oscuro.

8 comentarios:

NáN dijo...

pues yo te digo que veo su sangre verdadera, aunque no sé quién, quién sangrará primero.
(Because something is happening here)

me gustaron el uno, el dos, el tres, el cuatro y el cinco.
(el tres, el que menos)

rts dijo...

cinco versos
en cuatrocientos mares

me gustan.

Okr dijo...

Me encanta, Miki. Este ya lo he leído, ¿verdad? ;)

nán dijo...

nada, ni caso. Para mí que lo de la derecha no es una foto, sino una cámara web, y está dormido el tío, en la playa, todo el rato.

Okr dijo...

yo creo que ha sido una inocentada, nos ha hecho creer que pone un poema para que lo comentemos o algo y ahora se va y no vuelve nunca más... aunque yo no termino de verle la gracia... ¿hola? ¿estás?

olusia dijo...

dejadlo que duerma, animalico, no es bueno zarandear a los sonámbulos

José Mari dijo...

Jo, miguelito, qué poema tan sugerente. Con tintes melancólicos. Ya se sabe que no hay mejor melancolía que la que se tiene del futuro que vendrá o dejarará de venir. Me gusta.
Un abrazo y feliz año!!!!

Miguel Marqués dijo...

Esta vuelta ha sido un paseo por los bulevares de la desmemoria reencontrada, reseteada digamos.

Memoria que en mí depende, en gran parte, de dispositivos externos como el iOmega de 250GB que me costó tanto comprar (L, la que me pilla más cerca, insistió con agudeza en la virtud del aquí y ahora, y me hice con él, me gasté los duros y no pasó nada malo).

Pues bien, este disco duro se suicidó cama abajo y con él se hundieron miles de músicas y fotografías. Para mí es casi como perder la vida, así es mi memoria orgánica de enclenque.

Bueno pues igual me ha pasado a mí. Un golpe en la cabeza, contra el granito helado de El Escorial el 24, o contra el tranvía del Castelo el 31, o contra una bota de buen Pedro Ximénez montillano el 6. Y vuelvo y todo es sorprendente.

Dentro de la red, los comentarios que como dientes aparecen bajo la almohada y la permanencia en imaginaria de la vieja guardia (que no la guardia vieja) que son NáN, rts, okr, todos.

Alegría agria y dulce(por hoy) de que la otra (con Reb) ande escondida entre las rocas frías, allí arriba en esa Comala alegre de cantería y verdín (donde por cierto vivió y trabajó durante cierto tiempo Juan Benet).

En fin, vuelta a los horarios, a mi corrala, a mi frío y a mi calor.

(Intermezzo de 45 minutos)

Ya se me han ido el tiempo y la memoria otra vez de los dedos y es demasiado tarde para seguir leyendo y escribiendo. ¡Pero ya estoy en casa!

Versos, besos y vasos para todos y todas en el nuevo año, y para los demás años también, joder.